28 de mayo de 2014

Cuando la vida se convierte en un martirio




 "Cuando la vida se convierte en un martirio,
el suicidio es un deber"

Acabo de venir de cortarme el pelo por última vez y sigo pensando, que tú me lo cortabas mejor sin ser peluquera.
El caso es que he tenido tiempo de observarme en el espejo de la peluquería y, al igual que cuando me fotografían, no  he visto más que a un viejo que todavía no ha cumplido los cincuenta.
Verdad es, que en este último año me he deteriorado bastante.  Siempre he pensado que “debería morir joven y dejar un bonito cadáver”, esto último ya veo que no va a ser posible pero, la verdad es que, jamás he visto un cadáver bonito, exceptuando el tuyo mi amor, y he visto muchos, quizás demasiados.
No sé qué hiciste con mi pijama de raso, porque no lo encuentro. Sera cuestión de buscar mejor en esta cueva en la que se ha convertido nuestra casa desde que no estás.
Ya está todo preparado, a excepción del pijama, que no encuentro y el lugar que no me decido. Tengo que pensar que es mejor para todos y no mi comodidad.  Como todavía queda tiempo no me preocupa en absoluto.  He mandado que ingresen tú devolución de la renta en la cuenta de Ruth y ya le dije al gestor que les pida una prorroga. De todas las maneras se la tendrá que pedir pues las circunstancias cambiaran.
Tú perra todavía está en casa ahora la voy a llevar a vacunar, y a Rebeka le hice jurar, por ti, que Lía se quedara en casa si a mí me pasa algo. Qué le vamos a hacer, tendré que confiar en su palabra ya que la pobre perra no tiene que tener el mismo final que yo, aunque no creas, que lo había pensado.
Hemos preparado una comida el 29 de Junio en el Fuelle para celebrar San Juan y “mi cumpleaños”. Quiero hacerla allí porque sé que a ti te gustaba ir.
Bueno cariño, me seco las lágrimas y me voy al veterinario. Ya ves que no falta nada para que volvamos a estar juntos.
Te quiero

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