16 de mayo de 2014

este sin vivir es insoportable





Cariño, este sin vivir es insoportable. Pasó las tardes escuchando música,  esas canciones que te cantaba al oído mientras vivíamos nuestra historia. Pasó las tardes llorando, llorando por haberte perdido y por seguir todavía aquí.
Dios ya no me escucha, no atiende mis suplicas. El se ha empeñado en que te sobreviva y sufra este dolor que me atenaza el corazón. Pienso que estoy prolongando mi vida en demasía. Cada día estoy más desamparado y hago un nuevo desastre. Espero cobrar la paga de junio para que quede algo de dinero una vez acabados todos los gastos, mientras tanto no se qué hacer.  A veces quiero marcharme de casa y dejarlo todo, buscar la manera de adelantar mi muerte sin tener que tomar decisiones drásticas, morir de muerte “natural”, pero eso veo que es casi imposible. Nadie se va de este mundo por mucho que lo intente hasta que no le llega su hora. Nadie muere, por mucho que lo desee, sin tener que ser el mismo quien de termino a su vida. Hace tanto que te deje sola, hace tanto tiempo que te fuiste de mi lado. Cuatro meses contigo pasaban volando, pero sin ti son eternos.
Me he convertido en un ser patético, vago por la calle sin rumbo y las horas del día se me hacen interminables. Pienso en mi futuro solo, sin ti; y no me veo envejeciendo sin que tú estés a mi lado como tantas veces habíamos soñado. Paseando de la mano ya ancianos, socorriéndonos mutuamente en nuestra vejez. Pienso en mi futuro y no lo encuentro porque ya no existe, desapareció contigo, se esfumo en el Hospital Clínico esa tarde del doce de Enero en que exhalaste tu último suspiro cogida de mi mano.
Esta vez estoy más preparado, me he informado para que no ocurra de nuevo lo que paso en Peñiscola aquel verano hace tanto tiempo en que, yo debería de haber dejado ya de existir. Quizá fue que todo estaba escrito y que debía vivir para esto, para poder cuidarte mientras estuviste enferma. Pero ahora ya nada me retiene, aunque las chicas se pongan de los nervios cuando me oyen, no pueden comprenderme. Ellas no estaban cuando me levantaba a las cinco y media para estar contigo veinte minutos, todos los días mientras esperabas que te recogieran. Ellas no comprenderán nunca que tú fuiste mi VIDA, mi razón de existir. Que te conocí cuando ya lo daba todo por perdido a mis dieciocho años, que tú  fuiste quien mantuvo viva mi ilusión por la vida.
Ahora sin ti, ya no tengo fuerzas para seguir, ya no tengo ilusión por vivir.
Que me espera a partir de ahora ¿quince, veinte años de soledad?, para que, no los quiero, prefiero acelerar mi transito y, si es verdad todo lo que hemos creído, comenzar el viaje que me llevara a tu encuentro.
Te sigue adorando
Tu esposo

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