25 de diciembre de 2013

Ayer cenamos solos






  Ayer cenamos solos. Por fin, mi mujer no pudo celebrar la cena de noche buena (quizá la última)  con nuestros hijos y nietos. De nuevo el incremento de liquido en la pleura que desplaza el mediastino y afecta al pericardio, y los nervios, le dispararon las pulsaciones hasta límites alarmantes.
   Tuvimos una cena frugal  al igual que ha sido la comida de  Navidad, con grandes silencios aunque las miradas lo decían todo.
 ¿Por qué a mí? y ¿por qué ahora cuando estábamos tan bien? son dos preguntas que quedaron sin respuesta.
 Lamentablemente no es la primera vez que veo degradarse así a una persona, su hermana falleció de E.L.A. hace solamente un año. Se fue a dormir y a las tres y algo mi cuñado llamo a mi puerta, pues somos vecinos, y estuvimos haciéndole la RCP hasta que llegaron los del 112. No experimento dolor, salimos de casa dentro de sus posibilidades hasta la última semana y tuvo tres años para despedirse de los suyos.
Nosotros, salimos de vacaciones porque Roxy necesitaba un descanso a primeros de agosto y al tercer día estábamos de vuelta en urgencias e ingresados. A la semana nos comenzaron a decir que había algo raro en el derrame y después nos enteramos que la vida media en este tipo de enfermedad oscila entre nueve y doce meses y que los tratamientos,  incluso los invasivos, son paliativos.
 Tal y como oscilamos en la escala de Karnofsky, estamos ya en la mitad, o más del periodo, me gustaría ser optimista y pensar que quien estableció los varemos se confundió, pero ahora permanece en la cama la mayor parte del día. A veces pienso que ha dejado de luchar, antes pensaba en la operación de decorticacion  que piensa que le van a realizar en Enero, ya que ella no sabe que en las condiciones que esta los cirujanos no la van a operar, pero ahora ya ni tan siquiera habla de ello.
 Creo que está en la fase de aceptación pues ayer mientras cenábamos me dijo “quien sabe quizá llego ya mi hora” y se engullo otro trocito de huevo relleno como quien acaba de preguntar la hora. Otras veces sin embargo la veo temblorosa, con miedo no quiere que me aparte de su lado. Necesito que alguna de mis hijas venga a casa para salir a comprar o ir al banco, aunque todavía podría quedarse sola unos momentos, aun así  si tardo algo más de media hora me reprocha la tardanza, es como si pensara que estando yo nada malo puede ocurrirle; ¡qué más quisiera yo que así fuera!
  
Todavía nos quedan unos meses de disfrutar de su amor y su presencia después, después tiempo tendremos para llorar  su vacio.




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