30 de diciembre de 2013

En la cárcel y en la cama, sabrás quien te ama


Parece que el reajuste funciona, para que veáis lo que son diez mg. en este tipo de medicación. Además el “reajuste” intestinal  parece que también ha funcionado, logrando descompactar las heces.
Todavía hemos usado dos dosis de rescate, creo que más debido a la ansiedad que al propio dolor; pero eso no soy yo quien debo cuantificarlo puesto que no soy quien lo sufro, pero una dosis diaria en momentos puntuales por algún esfuerzo no es la barbaridad de los últimos días.
En estos momentos duerme como una bendita, supongo que recuperándose de estas malas noches, tumbada en el sofá, recostada en una almohada y con la película de Gandhi de fondo.
Lástima que nos pronostiquen lluvias a partir de mañana, pues creo que hubiera conseguido sacarla de paseo en cuanto hubiera reposado otro día más. De todas las maneras intentare que salga a la calle para que le dé el aire, no creo que tengamos un diluvio que nos impida movernos de casa en ningún momento.
Sigue sin querer comunicarse con el mundo, se ha cerrado sobre sí misma y no quiere ver a familiares ni amigos que están siempre preguntándonos por su estado. Incluso tenemos los teléfonos en silencio para que no suenen pues le molesta.
En la enfermedad te das cuenta de quién te aprecia de verdad. Muchas veces es aquel en quien menos pensabas. Cuando parte de la familia, o de lo que considerabas como familia te da de lado, amigos se ofrecen para lo que necesites de corazón; no de boca como otros. De ahí el dicho:

“En la cárcel y en la cama, sabrás quien te ama”

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