4 de diciembre de 2013

Morir de cancer

Fotografías: The Battle We Didn't Choose My wife's fight with breast cancer (la batalla que no elegimos, la lucha de mi mujer contra el cáncer )
  Hay más de 200 tipos de cáncer, el 80% son carcinomas (células epiteliales que tapizan órganos) como los de pulmón, colon y mama (los tres más frecuentes). En España cada año se diagnostican 220 mil casos (con una supervivencia media a los cinco años del 50%), y fallecen algo más de cien mil personas. Actualmente viven un millón y medio de personas que padece o ha padecido la enfermedad (de ellas medio millón en los últimos cinco años).
  En sentido estricto cada paciente tiene una enfermedad diferente, cuya evolución dependerá de la localización del tumor, sus características moleculares y celulares, su extensión, la edad del enfermo y su estado general. Si el tumor se ha extendido a otra parte del cuerpo (metástasis) o su localización lo hace intratable, su supervivencia a los cinco años es mucho menor (páncreas: 5%, hígado: 10%, pulmón: 12%).
 El factor pronóstico más importante es el estado funcional (cómo se encuentra el enfermo). Un índice de Karnofsky menor de 50 indica riesgo elevado de fallecimiento en seis meses, en la mayoría de los casos independientemente de los tratamientos que se utilicen. Otros factores importantes son la estimación clínica (juicio de los profesionales), empeoramiento cognitivo, anorexia, disnea, xerostomía, pérdida de peso y disfagia.
 Toda enfermedad avanzada e incurable es una amenaza para la vida, pero también una oportunidad para afrontar lo que queda y vivir el final conscientemente, como cada uno pueda y quiera. Demasiadas exprimir al máximo la vida que queda, aliviar el sufrimiento y prepararse para morir en paz. Negar lo evidente, no sólo es inútil, sino que empeora las cosas, condenando al enfermo a morir en soledad.
veces los pacientes y sus familias, deslumbrados por la tecnología médica, por los titulares de los telediarios o por esa especie de pseudoreligión del pensamiento positivo, no ven lo que está pasando, que se mueren, instalándose en la mentira, perdiendo un tiempo que no tienen, malgastando sus energías en una fantasía de curación, en lugar de dedicarse a
 En los últimos años se está viendo que muchos de los tumores de próstata, cuello de útero, tiroides, mama, colon y de melanomas “que se curan” son un hallazgo histológico, células tumorales que se observan en el microscopio, que nunca se habrían convertido en un cáncer biológico (de crecimiento incontrolado hasta provocar la muerte). Sin embargo, se tiende a tratar agresivamente todos los tumores, con la paradoja de que sus consecuencias son más dañinas que el propio tumor (histológico). En estos casos, sería mejor hacer un seguimiento de su evolución que tratarlos como si fueran mortales, pero cuando el miedo es libre no atiende a razones.
 Informar al paciente es un imperativo legal y un reto profesional. Dar las malas noticias, poco a poco, en un proceso de comunicación honesto que facilite el afrontamiento y la toma de decisiones. En las situaciones amenazantes para la vida, es humano aferrarse a la mínima esperanza, pero eso no justifica el engaño sobre las posibilidades reales de que el tratamiento pare la enfermedad. No se trata de impedir que “se agarren a un clavo ardiendo”, sino de que sean conscientes de que lo es (una mínima probabilidad), para que no se abrasen cuando la enfermedad progrese causando en unos meses su fallecimiento.
 ¿Usted qué preferiría: unos meses de vida aceptable o el doble de vida regular o mala? Estos son los términos de la decisión. Si no me voy a curar, ¿Me someto a tratamientos de quimioterapia, radioterapia o cirugía, que deterioran mi calidad de vida a cambio de un hipotético aplazamiento de la muerte?
  La decisión no es fácil. Para complicarlo más, hay enfermos de cáncer (parece ser que menos del 1%) que sobreviven mucho más que la media. Algunos de los que recurren a terapias complementarias afirman que estos enfoques, como la “nueva medicina”, les ha salvado la vida. La verdad es que esta evolución “milagrosa” existe, pero muy raramente. Prometer la curación utilizando estos casos anecdóticos, aprovechándose de la vulnerabilidad ajena, es una estafa que mantiene un formidable negocio. Con potingues, dietas o “chamanes” y sin ellos, hay enfermos de cáncer que no mueren. Es inexplicable. Si dispone de tiempo y dinero para un tratamiento complementario que le resulta satisfactorio hágalo, pero no se deje engañar.

 Morir de cáncer

Un enfermo oncológico que se pasa la mayor parte del día encamado probablemente fallecerá en las próximas semanas, sobre todo si presenta otros síntomas como pérdida de peso, deterioro cognitivo, falta de apetito (anorexia), dificultad respiratoria (disnea), sequedad de piel y mucosas (xerostomía) y dificultad para tragar (disfagia).
mesotelioma por asbesto
  El proceso terminal de cáncer es el paradigma del deterioro progresivo, un periodo en el que el enfermo de una forma inexorable va empeorando cada semana o cada día, aumentando la postración, con una experiencia de sufrimiento que puede llegar a ser insoportable.
 Todos queremos evitar el sufrimiento. Por eso, cuando se le pregunta a la gente si preferiría una muerte súbita (infarto agudo de miocardio) o una muerte anunciada tras un proceso de enfermedad, la mayoría elige desparecer, dejar de existir, de manera rápida e inconsciente. Pero no podemos elegir, la vida, el azar, el destino, la providencia, o lo que sea, le reserva a cada cual su propia muerte. Quizás no podamos cambiar la evolución, pero sí el proceso de morir, disminuir el sufrimiento y aumentar el confort, la calidad de la muerte.
 Lo único bueno de un proceso terminal es que avisa de que el final está cerca, permitiendo afrontar la muerte y despedirse. Sin embargo, a pesar de que la Parca comunica a los vivos que anda cerca, muchas veces enfermo y familia prefieren mirar para otro lado, desperdiciando una oportunidad única: vivir su propia muerte.

Enlaces
 Quiero morir en casa. ¿Puedo?


 

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