19 de enero de 2014

Añorando tú presencia



 Hoy se cumple una semana desde que me dejaste y cómo puedes imaginar mi vida ya no es la misma, me encuentro perdido sin ti. Las horas no pasan y los días se me hacen interminables. Nuestras hijas no me dejan ni a sol ni a sombra y tengo que mandarlas a su casa para poder quedarme solo con mi dolor.
 Has de saber que me manejo bastante bien, incluso he cancelado ya tus tarjetas y un par de cosillas que teníamos por ahí pendientes. Esta semana que comienza empezare con los cambios de nombre de los teléfonos y los suministros.
 Tu perrita se la ha quedado Rebeka por que no se amoldaba a estar en casa de nuevo. Lía está algo rara, te busca, gimotea y acude a mi lado a darme lametazos. Creo que te echa en falta tanto como yo. Pero claro todo eso tú ya lo sabes, porque en estos instantes nos observas a todos en compañía de tus padres, tu hermana, mi padre y todos los que nos han precedido y gozáis de la gloria en compañía de nuestro Señor Jesucristo.
 Te rogaría que intercedieras ante Dios por nosotros, sobre todo por nuestras hijas; ya sabes que desde que caíste enferma están un poco disgustadas con Él, para que les muestre que Él es la resurrección y la vida y que quien cree en Él aunque muera, vivirá.


 Apocalipsis
. Y oí una gran voz del cielo, que decía: «El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron.»

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