17 de enero de 2014

LAS REACCIONES DE DUELO





El duelo (dolus: dolor) es la respuesta emotiva a la pérdida de algo o de alguien. La intensidad del duelo no depende de la naturaleza del objeto perdido sino del valor que se le atribuye, es decir, de la magnitud afectiva invertida en la pérdida. Es un proceso, no un estado. Para restablecer el equilibrio y completar el proceso de duelo hay que realizar ciertas tareas.

Aceptar la realidad de la pérdida: Asumir que el reencuentro es imposible.
Experimentar el dolor.
Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente: Desarrollar nuevas habilidades y asumir roles que antes desempeñaba el fallecido.
Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

El duelo constituye una crisis existencial, que puede servir para crecer o para debilitarnos y enfermar dependiendo de cómo se afronte.
Es muy difícil determinar cuándo ha finalizado realmente el duelo, aunque se considera como momento clave cuando la persona es capaz de mirar al pasado y recordar con pena pero sin dolor al fallecido y la historia compartida. Generalmente entre uno y dos años.

PROCESO NORMAL DE DUELO
• La pena se expresa.
• Duración limitada en el tiempo (1 ó 2 años).
• Después de los primeros días, el doliente realiza las actividades con “normalidad” aunque con ánimo triste y con ansiedad.

DUELO COMPLICADO
• No se expresa la pena (duelo reprimido).
• Se expresa la pena con la misma intensidad durante un largo periodo de tiempo (duelo crónico).
• Incapacidad para desvincularse del fallecido (culpa excesiva o auto reproches).
• Incapacidad para empezar de nuevo la vida en un marco en el que el fallecido no está.
• Cualquier alteración mental diagnosticada a partir de los seis meses del fallecimiento debe ser explorada por su posible conexión con la pérdida (depresión, trastornos de ansiedad, adicciones…).

Criterios DSM-IV de duelo
Considera normales síntomas depresivos tras la pérdida de un ser querido.
Únicamente se diagnóstica TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR cuando se cumplen los criterios para el diagnostico de éste y se mantengan dos meses después de la pérdida.

La presencia de cualquiera de los siguientes síntomas (que no se consideran característicos de una reacción de duelo “normal”) puede ayudar a diferenciar el duelo del “episodio depresivo mayor”:
1. Culpa por las cosas más que por las acciones recibidas o no por el superviviente en el momento de morir la persona querida.
2. Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
3. Preocupaciones mórbidas con sentimiento de inutilidad.
4. Enlentecimiento motor.
5. Deterioro funcional acusado y prolongado.
6. Experiencias alucinatorias distintas de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.


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