5 de abril de 2014

Otro sábado sin tú presencia



Por fin y como tú ya sabrías no he ido a tirar al plato. Me he quedado en casa oyendo nuestra
música. Esa música de siempre que nos hacia cogernos  de la cintura e improvisar, pues yo nunca he sabido bailar.

Resulta Rosa, que ahora todo el mundo "se ha vuelto impotente" de repente y necesita de mi auxilio. Mi madre anoche me tuvo casi media hora al teléfono contándome sus problemas. Que si el lumbago, que mire Ud. que solo te tengo a ti, que haces mucha falta… y todo porque se me ocurrió comentarle que el otro día un policía “salvo”, si se puede llamar así a una mujer que se metió al Ebro. Todo por decir que, “quien es el policía para interferir en la decisión libremente tomada por esa mujer”. ¿Acaso conoce su situación? ¿Conoce los motivos que la impulsan? No, no los conoce, pero queda muy bonito en las noticias. Que poco sacan los suicidios consumados y eso que la media es de ocho al día según los últimos datos, (El mundo), estos no son noticia, a nadie les importan sus motivaciones.

Solo son noticia los que suceden después de que alguien acabe con su pareja. Y por el hecho de la muerte de la pareja que si no…

 Claro ahora  se supone que si yo falto, alguien tendrá que echar una mano a Rebeca con mi nieta, su biznieta, la hija de su “nieta”, a la cual tengo que ayudar yo, para que vaya a trabajar, sin saber todavía a ciencia cierta qué es lo que la ha llevado a la situación que tiene ahora. Tiene cojones que la que más se preocupa de mí y la que menos mal intenta darme, es lo que la gente llama mi “hijastra”; aunque para mí siempre ha sido mi hija y yo para ella su “otro papa”, como decía de pequeña.
  Vamos a ver ¿Cómo quieren que les ayude a ellas a nada, si ni tan siquiera puedo ayudarme a mí mismo? ¿No recuerdan quien llevaba la carga en nuestro matrimonio? ¿Ya no se acuerdan que eras quien tenía que solucionar mis problemas? ¿Cómo quieren que mi vida continúe, si se está llenando de esos problemas que tú solucionabas y yo no sé cómo solucionar?
Ruth me dice que tomo decisiones en caliente, Rebeca no sabe ni por donde vienen los tiros, mi madre… Y yo me agobio, porque siempre has sido tú quien nos ha sacado adelante con tú ímpetu y tu decisión.
Todos me dan consejos; todo el mundo “entiende lo que estoy pasando” pero solo Jesús, el marido de Sole que se quedo viudo con treinta años, ha tenido la delicadeza de habiendo pasado por lo mismo decirme que no puede llegar a saber lo que siento porque su mujer murió a los cinco años de casados, no a los treinta.  Por lo que mi situación tiene que ser mucho más dolorosa que la suya, pues habíamos tenido una vida completa juntos. Jesús y Javi el del bar, que cuando me ve llegar me mira y me pone más o menos vino en el vaso preguntándome simplemente “como lo vas llevando”.
Tú y yo hemos perdido a nuestros padres, yo solo al mío, y sabemos que los hijos nos recuperamos. ¿Pero el cónyuge? 
 Vistes a  tú padre, ya no levanto cabeza desde la muerte de tu madre. Fue un continuo deterioro hasta su muerte. Aparte de su “depresión”, se dejo morir lentamente.  Tomás sin embargo parece que se ha habituado a vivir sin tú hermana. Vamos no es que se haya habituado, ya sabes que hasta el último día le jodío que le hiciera quedarse con ella.

De hecho falto todo el día de casa, menos mal que se murió de noche. Todavía recuerdo cuando nos llamo todo sofocado, que abatimiento, que esfuerzos por reanimarla.  Y también recuerdo cuando no tubo narices de defenderla delante de su hermana, estando ya tú hermana fallecida;  “dejar a Mª Jesús que está muy bien donde esta, que dejaba mucho que desear”, dijo “doña perfecta”; y el otro callado como una “puta” después de haber tenido una mujer que lo “idolatro” toda su vida y le dejo hacer cosas que ninguna otra hubiera permitido, haciendo como que no se enteraba. Que mierda  es la vida que siempre se van los que no deberían irse. Mi madre, pues ya ves, siempre diciendo esto y aquello pero teme mucho a la muerte como para ir en busca de mi padre. Quizá no tema la muerte sino, el castigo eterno por ser como es.

Estoy harto de que los demás dependan de mí y de yo depender de ellos. Últimamente, como observaras desde donde estés, mi mejor compañero es el “calimocho”. 
 Recuerdas cuando tu enfermedad avanzaba y me preguntabas si bebía por tú culpa y decía que no,  cuando me decías que te ibas a morir del mesotelioma y yo te preguntaba qué en que te basabas para decir tal tontería. Pues si mi amor bebía para no pensar en que te me marchabas por momentos. Sabía que te morías desde que me dieron el puto diagnostico, desde que comenzaron a preguntarnos donde habíamos trabajado.  Pero te lo juro mi amor no pensé nunca que te fueras a ir tan pronto, y menos la última vez que fuimos a urgencias. Ni yo vi en la mirada del Dr. que esta vez no nos dejaba volver a casa porque estabas muriéndote, solo vi lo que quise ver en aquel momento al igual que cuando permití que te realizaran la ultima toracentesis,  me negaba a que te sedaran, me negaba a perderte. Todavía esperaba ese milagro que sabia que no llegaría.  Hace días que no veo a Dios hacer milagros o, quizá, no tenía la suficiente fe. Quién sabe.

Quizá mi amor, no fuera culpa de tú trabajo, seguramente fuera mia;  el polvo de mi ropa cuando llevaba los derribos, pudo ser el que trajo el amianto a casa.  Seguramente fui yo quien te condujo a la tumba.  Pero, ¿Por qué tú y no yo? ¿Porque te fuiste tú que eras la que hacías más falta? Mira que lo decíamos veces, “más vale que me muera yo primero, porque si no se irá todo a la mierda”
Pues bien ya esta;
Todo se esta yendo a la mierda

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